Hacia una pedagogía del cuidado y la sostenibilidad del ecosistema educativo ¿Cómo estamos cuidando a los maestros?
- Jessica Susano
- 28 jul
- 7 min de lectura

La vocación del maestro muchas veces se reduce a la entrega y el sacrificio hacia sus estudiantes. Se asume que el docente es el único responsable del acompañamiento en el colegio, de cumplir con una extensa carga documental, de resolver conflictos en el aula y de gestionar la relación con familias que, en muchos casos, no se implican o muestran actitudes hostiles. En este proceso, suele dejarse de lado el verdadero compromiso, la motivación, la regulación emocional y el desarrollo de competencias profesionales que el propio entorno laboral debería promover y proteger.
Hoy en día, la educación enfrenta desafíos complejos y una crisis silenciosa vinculada al desgaste emocional y físico de los profesores en las instituciones educativas. Esta situación no solo se presenta a nivel regional, sino global, y responde a múltiples factores psicosociales y estructurales. Frente a ello, resulta urgente tomar acción mediante planes estratégicos de gestión que garanticen la sostenibilidad de la calidad educativa y el cuidado de sus recursos humanos. Los maestros desempeñan un papel clave en el ecosistema escolar, siendo los principales agentes para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4 de las Naciones Unidas: garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad hacia el año 2030.
La crisis global del personal docente
En el Informe mundial sobre el personal docente, la UNESCO (2024) detalla una alarmante crisis de escasez y abandono en la profesión. Para alcanzar las metas de educación universal en 2030, el mundo requerirá 44 millones de maestros (31 millones en el nivel secundario y 13 millones en el primario). Esta brecha no responde únicamente a la necesidad de crear nuevas plazas, sino a retener al personal actual: las tasas mundiales de abandono en educación primaria casi se duplicaron en un periodo corto, pasando del 4,6 % en 2015 al 9 % en 2022.
A nivel cualitativo y de condiciones de trabajo, el informe destaca tres nudos críticos:
Cualificación e inequidad: Aunque la media mundial de docentes calificados se sitúa en torno al 85 %, persisten profundas diferencias regionales e inconsistencias en la definición de lo que constituye un "docente cualificado".
Aulas masificadas: La elevada ratio de estudiantes por profesor sobrecarga el trabajo pedagógico e incrementa exponencialmente el desgaste profesional.
Precarización salarial: Los salarios persistentemente bajos en comparación con otras profesiones de exigencia académica similar dificultan atraer y retener talento calificado.
La salud mental del docente en el Perú
El panorama internacional se refleja en el contexto peruano. Diversos estudios revelan que el 66,2 % de los docentes de educación secundaria experimentan niveles moderados o altos de estrés ocupacional (Pérez Taquio, 2025). Estos hallazgos concuerdan con las mediciones oficiales del Ministerio de Educación a través de la Encuesta Nacional a Docentes (ENDO 2021), donde el 55,8 % de los maestros reportó problemas de salud mental o afecciones asociadas al estrés, cifra que alcanzó picos de hasta el 65 % en el caso de las profesoras debido a la doble carga laboral y de cuidados.
Actualizar periódicamente estas cifras es indispensable para visibilizar la cruda realidad que viven las comunidades educativas. No se trata de victimizar la labor magisterial, sino de exponer un problema de salud pública y de gestión pública.
La ansiedad y el estrés impactan directamente sobre la regulación emocional y la toma de decisiones pedagógicas. Como señala Pérez Taquio (2025), la ansiedad no solo agota físicamente al maestro, sino que "secuestra" su capacidad cognitiva para organizar contenidos, diseñar evaluaciones e implementar estrategias didácticas efectivas, convirtiéndose en una barrera directa dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Sobrecarga administrativa y relación con las familias
El malestar docente no surge en el vacío; está alimentado por dinámicas externas que sobrepasan la labor estrictamente pedagógica. Investigaciones como las de Skaalvik y Skaalvik (2011) y Sánchez-Pujalte et al. (2021) demuestran que la interacción conflictiva con las familias y la sobrecarga administrativa actúan como detonantes directos de la ansiedad laboral. Cuando los padres de familia ejercen presiones desmedidas o muestran falta de colaboración, disminuye el sentido de pertenencia del docente y se eleva su tensión emocional.
En el plano nacional, Huapaya (2023) y Pérez Taquio (2025) confirman que la acumulación de trámites burocráticos y el llenado compulsivo de registros invaden el tiempo libre y la vida personal del educador. Esta "burocracia paralela" desgasta la energía que debería estar destinada al aula y evidencia la ausencia de canales institucionales de contención y acompañamiento.
Hacia una pedagogía del cuidado
En función de esta realidad, resulta necesario implementar una pedagogía del cuidado en la cultura organizacional del sistema educativo. El informe de la UNESCO (2024) aboga por un Nuevo Contrato Social para la Educación que redefina la docencia como una profesión colaborativa, basada en el aprendizaje continuo y respaldada por medidas concretas:
Salarios e incentivos dignos: Esquemas de remuneración que reconozcan la profesionalización docente.
Liderazgo pedagógico constructivo: Sustituir la supervisión punitiva y fiscalizadora por un liderazgo escolar enfocado en la autonomía y el acompañamiento.
Soporte a docentes noveles: Establecer programas formales de inducción y mentoría para reducir el abandono en los primeros años de carrera.
Diversidad e inclusión: Desarrollar equipos docentes que reflejen la riqueza étnica, lingüística y cultural de sus comunidades.
Tecnología al servicio del docente: Emplear las herramientas digitales para simplificar y automatizar tareas administrativas, no para incrementar la vigilancia laboral.
En el Perú, aunque el discurso oficial reconoce la importancia de proteger al maestro, la práctica carece de normativas efectivas y de soporte real en el quehacer diario. Para revertir esto, Pérez Taquio (2025) propone tres ejes estratégicos de inversión y política pública:
Elevar el presupuesto público en educación al menos al 6 % del PBI (representando el 20 % del gasto público total).
Crear programas nacionales de acompañamiento psicosocial y gestión del estrés integrados en la jornada laboral.
Reducir drásticamente la carga de trámites para devolver al docente su función esencial: enseñar.
Responder a la pregunta de ¿cómo estamos cuidando a los maestros? exige trascender la empatía discursiva y asumir cambios estructurales. La evidencia científica y estadística demuestra que el desgaste docente no es una debilidad individual, sino el síntoma de un modelo institucional saturado por la burocracia, la desatención emocional y la precarización de las condiciones de trabajo.
Para garantizar la sostenibilidad del sistema educativo y alcanzar las metas del ODS 4 al 2030, se deben priorizan las siguientes acciones:
Institucionalización de la salud mental: Diseñar e implementar políticas permanentes de contención psicosocial, prevención del burnout y cuidado mutuo en las instituciones educativas.
Revalorización del tiempo pedagógico: Eliminar la duplicidad de trámites administrativos e integrar la tecnología como un recurso de simplificación que devuelva la centralidad al acto educativo.
Transformación del liderazgo escolar: Migrar de enfoques fiscalizadores hacia culturas organizacionales basadas en el reconocimiento, el diálogo con las familias y la autonomía profesional.
Del compromiso individual a la responsabilidad institucional
Para hacer frente a esta crisis, resulta indispensable implementar una pedagogía del cuidado en la cultura organizacional del sistema educativo. La pedagogía del cuidado constituye un marco ético y político que traslada el principio del cuidado hacia la propia figura del maestro. Propone que quien cuida también necesita ser sostenido, protegido y escuchado por el ecosistema educativo.
Esta perspectiva no se limita a impartir talleres aislados de "gestión emocional"; implica estructurar la institución para reducir el desgaste innecesario y dignificar la labor docente. No se puede exigir al maestro un aula empática y acogedora si la institución que lo acoge opera desde la fiscalización, la sobrecarga burocrática y el desamparo emocional.
Bajo este enfoque, el bienestar pasa a ser una responsabilidad estrictamente institucional: la escuela y el sistema educativo deben convertirse en espacios seguros para quienes trabajan en ellos. El cuidado no es autosacrificio ni resistencia individual; requiere estructuras formales de apoyo articuladas en cuatro dimensiones clave:
Protección de los tiempos pedagógicos:Los líderes y directivos deben optar por simplificar la gestión y eliminar la duplicidad de informes, formatos administrativos y evidencias documentales que responden a una lógica fiscalizadora. Para ello, el uso de herramientas tecnológicas debe orientarse a la automatización de trámites y no al incremento del control.
Derecho a la desconexión digital:Respetar y proteger las fronteras entre la jornada laboral y la vida personal, prohibiendo la emisión de mensajes, correos o asignación de tareas fuera del horario de trabajo.
Liderazgo empático y acompañamiento: Migrar de un modelo punitivo hacia un liderazgo directivo horizontal, enfocado en el desarrollo profesional y en el crecimiento humano, más que en la fiscalización.
Respaldos institucionales y protocolos de protección: Establecer límites claros y protocolos de actuación que respalden institucionalmente al maestro ante situaciones de acoso, violencia o exigencias desmedidas por parte de los padres de familia.
Espacios de contención y desahogo emocional: Crear círculos de reflexión y redes de apoyo mutuo entre pares dentro de la jornada laboral, donde el profesorado pueda abordar abiertamente el agotamiento profesional sin temor a ser juzgado o sancionado.
No podremos garantizar el derecho a una educación de calidad en el futuro si continuamos ignorando la salud mental y la dignidad de quienes enseñan en el presente.

Referencias Bibliográficas
Huapaya, M. (2023). Estrés laboral y desempeño en docentes de instituciones educativas públicas. [Tesis de maestría, Universidad Nacional Mayor de San Marcos].
Kyriacou, C. (2001). Teacher stress: Directions for future research. Educational Review, 53(1), 27–35. https://doi.org/10.1080/00131910120033628
Ministerio de Educación del Perú. (2021). Encuesta Nacional a Docentes (ENDO 2021): Informe de resultados sobre el bienestar y salud mental del profesorado. MINEDU.
Oros, L. B., Suranyi, C., & Richaud, M. C. (2020). Estrés laboral docente en el contexto del dictado de clases no presenciales y presenciales. Revista Interamericana de Psicología, 54(3), Article e1321. https://doi.org/10.30849/ripijp.v54i3.1321
Pérez Taquio, J. A. (2025). Impacto del estrés ocupacional en el desempeño docente en tiempos de pospandemia: estudio en instituciones educativas de nivel secundario en Tacna, Perú. La Vida y la Historia, 12(1), 3–25.
Sánchez-Pujalte, L., Navarro-Soria, I., & Lavigne-Cerván, R. (2021). Factores psicosociales y salud mental en el profesorado de educación secundaria: la presión familiar y la burocracia como predictores de la ansiedad. Revista Española de Pedagogía, 79(278), 115–132.
Skaalvik, E. M., & Skaalvik, S. (2011). Teacher feeling of belonging and stress: The role of parent relationships and administrative demands. European Journal of Psychology of Education, 26(4), 1029–1042. https://doi.org/10.1007/s10212-011-0061-0
UNESCO. (2024). Informe mundial sobre el personal docente: Afrontar la escasez de docentes y transformar la profesión. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; Equipo Especial Internacional sobre Docentes para la Educación 2030. https://doi.org/10.54675/THBH7980




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